Web de la Asociación de Cofradías de la Semana Santa de Palma

Origen de nuestra Semana Santa

    Al contrario de otras ciudades españolas, en donde el Viernes Santo es el día que el calendario litúrgico cristiano sitúa los episodios de la Pasión y muerte de Cristo y la celebración de estos; en Palma curiosamente se adelantan al Jueves Santo, por la sencilla razón de que era el día que la Iglesia tenía instituido en su calendario un rito de reconciliación para los pecadores públicos, que era oficiado por el Sr. Obispo.

 

    Antes del siglo XVI, no existían procesiones en nuestra ciudad, pero si había grupos de personas que se movían entre las iglesias y las cruces que se levantaban en los caminos, rezando y disciplinándose públicamente para penarse por sus pecados. Estos penitentes son conocidos popularmente como flagelantes, y antaño como escobats (de escoba, disciplina, azotes). Será  la institución en el año 1552, de una nueva cofradía de penitentes la que continuará con los mismos actos el Jueves Santo, realizando el rito de reconciliación por medio de sus cofrades y acompañando la venerada Imagen del Santísimo Cristo de La Sangre.

La cofradía de La Sangre

     La solicitud de los Jurados de la Ciudad y de la isla de Mallorca al rey  Alfonso V, el 4 de mayo de 1456, para que unificara todos los hospitales de la ciudad en uno solo (debido a la mala  acogida y asistencia que tenían los pobres, a consecuencia de su mala administración), fue atendida por el monarca y aprobada el día 29 de mayo del mismo año con una real orden por la que se otorgaba la facultad de unirse todos en uno solo. La misma orden fue ratificada por S.S. el Papa Calixto III, en una bula del 3 de junio de 1458, concediendo la facultad de construir el nuevo Hospital General y su Iglesia bajo la advocación de la Anunciación.

 

El 14 de abril de 1548, el Hospital General y su templo,  obtuvieron la notable concesión de ser agregados a la Sacro Santa Iglesia de San Juan de Letrán de Roma, gozando de todas las gracias e indulgencias concedidas a dicha Iglesia matriz. El capitolio de la Iglesia de San Juan de Letrán dio facultad a los regidores del Hospital General de la Ciudad de Palma, para que en caso de querer constituir una nueva cofradía, la instituyeran bajo la advocación que se deseara. La cofradía escogida por la iglesia del Hospital General, fue la de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, quedando constituida el 20 de marzo de 1552 y siendo durante siglos la única Cofradía de Penitentes de la ciudad, anexa al Hospital General.

     La Cofradía estaba dirigida por una Prohomonia, integrada por los cargos de Mayordomo (Sobreposats), Tesorero (Clavari), Secretario (Canceller) y Vocales (Prohoms), los cuales fueron denominados ses esponges de La Sang, cuya misión era la de recoger limosnas (conocidas como cerques) para el Hospital General, en la ciudad y en los pueblos de Mallorca. Podían acceder a ella hombres y mujeres de cualquier estamento social, con una cuota o entrada de cinco dineros, cifra simbólica que representa las cinco llagas de Cristo. Tenían como obligación acompañar a los ajusticiados en los últimos momentos de su vida, participar en la procesión del Corpus y en la  del Jueves Santo.

 

Una vez fundada la cofradía, se construyó la capilla de La Sang, presidida por la imagen de Cristo crucificado, obra del escultor Miquel Buira (que actualmente se encuentra en la sacristía de la iglesia de La Anunciación) y se instauró la procesión del Jueves Santo, teniendo constancia que en el año 1554 ya salió ordenadamente desde su capilla realizando el rito procesional de expiación de pecados y recogida de limosnas. Una de las obligaciones que tenían los cofrades era la de participar en la procesión del Jueves Santo, y lo hacían vistiendo un hábito blanco. Su penitencia consistía en azotarse (penitentes de Sangre) o bien gastando su dinero en cera que se consumía durante el recorrido (penitentes de luz). Estos actos tenían una doble intención: la expiación de pecados y  mover los sentimientos de los espectadores para que ofreciesen una limosna a favor de los enfermos del Hospital General.

     La Cofradía estaba dirigida por una Prohomonia, integrada por los cargos de Mayordomo (Sobreposats), Tesorero (Clavari), Secretario (Canceller) y Vocales (Prohoms), los cuales fueron denominados ses esponges de La Sang, cuya misión era la de recoger limosnas (conocidas como cerques) para el Hospital General, en la ciudad y en los pueblos de Mallorca. Podían acceder a ella hombres y mujeres de cualquier estamento social, con una cuota o entrada de cinco dineros, cifra simbólica que representa las cinco llagas de Cristo. Tenían como obligación acompañar a los ajusticiados en los últimos momentos de su vida, participar en la procesión del Corpus y en la  del Jueves Santo.

 

Una vez fundada la cofradía, se construyó la capilla de La Sang, presidida por la imagen de Cristo crucificado, obra del escultor Miquel Buira (que actualmente se encuentra en la sacristía de la iglesia de La Anunciación) y se instauró la procesión del Jueves Santo, teniendo constancia que en el año 1554 ya salió ordenadamente desde su capilla realizando el rito procesional de expiación de pecados y recogida de limosnas. Una de las obligaciones que tenían los cofrades era la de participar en la procesión del Jueves Santo, y lo hacían vistiendo un hábito blanco. Su penitencia consistía en azotarse (penitentes de Sangre) o bien gastando su dinero en cera que se consumía durante el recorrido (penitentes de luz). Estos actos tenían una doble intención: la expiación de pecados y  mover los sentimientos de los espectadores para que ofreciesen una limosna a favor de los enfermos del Hospital General.

 

     Durante los primeros decenios de siglo XIX subsistieron las mismas costumbres, hasta la desaparición de las cofradías gremiales, a causa de las sucesivas desamortizaciones (la de Mendizábal en los años 1836-37; la de Madoz en 1855; o en menor medida la de Espartero de 1841) y las nuevas políticas económicas e industriales de esos tiempos. Como consecuencia empezó a decaer la concurrencia a las procesiones, y los antiguos Pasos dejaron de salir en los desfiles penitenciales a causa de su deterioro y se perdieron para siempre. Como consecuencia de la supresión de las corporaciones de menestrals (artesanos) disminuyó la asistencia

 

      En el año 1867, la Junta Provincial de Beneficencia insistió en desterrar el desorden en la procesión del Jueves Santo. A causa de esto se incluyeron novedades importantes. Se crearon Pasos nuevos. Las nuevas Imágenes fueron encargadas a pintores y escultores conocidos: Jesús en el huerto y Jesús con la cruz a cuestas (de Lluís Font), Jesús en la Columna (de Salvador Torres), el Ecce-Homo (de Gabriel Juan Marroig) y La Dolorosa (de Lorenzo Ferrer). De estas Imágenes, todavía hoy salen en procesión algunas de ellas: Jesús en el huerto, con la Cofradía de Ntra. Sra. del Remedio; Jesús de la columna, con la Cofradía del Cristo de Santa Cruz; y el Ecce-Homo, ahora llamado Coronado de Espinas, con la Cofradía de la Juventud Oratoriana.

 

      Además para aquella Semana Santa se confeccionaron vexilles (grandes estandartes con representaciones de escenas de la Pasión y Muerte de Cristo) con pinturas de Gabriel Reiners, Joan Mestre, Francesc Parietti y Ricardo Ankermman. Estas grandes banderas se llevaban en las procesiones hasta que, para evitar su deterioro, se dejaron de portar  en las procesiones y ahora se conservan expuestas en el interior de las parroquias.

 

      Así la procesión de aquel año 1867 ofreció un aspecto totalmente renovado.

 

 

Las nuevas cofradías de penitentes

 La desaparición a mediados del siglo XIX, de las cofradías gremiales y a consecuencia de ello la no participación en la Procesión del Jueves Santo de los Cofrades de oficio (confrares dels  officis), conllevará a la organización de grupos de fieles que se reunirán para salir de penitentes por su propia cuenta. De estos grupos saldrán las primeras cofradías de penitentes actuales, siendo un hecho en el año 1902 la fundación de la primera de todas ellas, la antiquísima Cofradía de La Cruz de Calatrava, a la que seguirán la Real Cofradía de La Virgen Dolorosa y Las Cinco Llagas. Sucesivamente  nacerán nuevas cofradías en  la primera mitad del siglo XX, formadas dentro de los senos parroquiales, órdenes religiosas, colegios y congregaciones. Desde sus parroquias organizarán nuevos desfiles procesionales, para rendir culto a Imágenes que gozan de gran fervor en las diversas barriadas de la ciudad.

 Después de un periodo de decadencia de las cofradías en los años sesenta y setenta, en la década de los ochenta se producirá un nuevo apogeo en las manifestaciones religiosas, lo que abrirá paso a una nueva época floreciente con la creación de nuevas hermandades, llegando a una treintena en la actualidad. Un factor importante en esa nueva etapa de las cofradías de penitentes, es sin duda la autorización para que las mujeres puedan ser penitentes y salir en las procesiones. Ello supondrá un crecimiento notorio del número de miembros de estas corporaciones.

 

 Desde la primera mitad del siglo XX, el nacimiento de nuevas cofradías propiciará la realización de nuevos Pasos, que juntamente con los antiguos costeados en el año 1867 por la Junta General de Beneficencia, irán engrosando la comitiva procesional del Jueves Santo. En la actualidad el patrimonio Imaginero de las cofradías de Palma está integrado por un elevado número de grupos escultóricos realizados por escultores de gran renombre, y han sido restauradas y recuperadas numerosas tallas antiguas de artistas locales. Todo este conjunto de Pasos acompañados por sus respectivas Cofradías, formarán una comitiva catequética de la Pasión de Cristo que acompañará a la Imagen de Jesús crucificado, el Santísimo Cristo de La Sang, que preside la procesión del Jueves Santo desde hace mas de 450 años.

Devoción al Cristo de la Sangre

        Ha presidido desde el año 1564 la procesión  Magna del Jueves Santo (como se le denominaba antaño) y en la actualidad goza de una gran devoción que reúne tres veces al año a numerosos devotos: durante la jornada del Miércoles Santo, la procesión del Jueves Santo y el primer domingo de julio, fiesta mayor de la Iglesia del Hospital (Festa del Sant Crist).

 

         Día a día más de un millar de personas de toda condición pasan por la Iglesia del Hospital para  venerar la  Sagrada Imagen en su camarín, como muestra de la arraigada devoción y fe. Y año tras año sale la Procesión del Sant Crist de La Sang, acompañado por las treinta y tres cofradías de penitentes actuales con sus respectivos Pasos, como hicieran los Gremios de menestrales en siglos pasados.

Los gremios como origen de nuestra Semana Santa

      Como ya se ha dicho, los antiguos gremios de artesanos, tuvieron una participación muy importante en la procesión del Jueves Santo de esta ciudad. Y es que estas agrupaciones de menestrales, tenían además de una función profesional o mutualista, un marcado acento religioso. Prueba de ello es que entre sus estatutos y ordinacions, solía haber un apartado dedicado a misas, acompañamiento en procesiones y conmemoración de días festivos en el calendario litúrgico. Otra evidencia de su religiosidad, es que todos los gremios elegían un Santo Patrón como protector (generalmente vinculado por una tradición al oficio, como es el caso de San Marcial de Limoges que fue elegido por el Gremio de los Panaderos o San Pedro por el de los Pescadores) y actuaban «para mejor servicio a Dios nuestro Señor». Los gremios tenían una relación permanente con los lugares de culto, pues por lo general celebraban sus juntas en las capillas de las iglesias, monasterios o conventos (en algunos de esos lugares todavía quedan hoy esculpidos o grabados, los escudos de algunos de los gremios allí reunidos).

 

     El origen formal de los gremios en Mallorca, se remonta al privilegio que el Rey Juan II concedió a los menestrales de la isla a finales de 1395, para constituir cofradías y colegios de artesanos. En cuanto a sus nombres, los documentos de la época los designan indistintamente, tanto por el título del oficio, como por el de su Patrón (así por ejemplo se conocía por igual al «Colegio de Honorables Herreros» como a la «Cofradía de San Eloy»).

 

Los gremios participaban activamente en las procesiones que se celebraban en la ciudad. Por ejemplo asistiendo a las procesiones del Corpus que se hacían en las distintas parroquias. Los pescadores asistían también a la procesión del Santo Entierro que en aquellos tiempos se celebraba el Viernes Santo en la iglesia de La Soledad (Convento de los Mínimos) y los marineros realizaban mensualmente una procesión propia que partía del oratorio de San Telmo, en la que recorrían calles de Palma rezando el Rosario, e iban acompañados por música y llevando flores.

 

Pero sin duda la procesión más importante en la que participaban plenamente los gremios (de obligada asistencia para sus cofrades) era la que en Palma se celebraba cada Jueves Santo y que partía del Hospital General. Las fuentes nos dicen que estas corporaciones de menestrales, participaban en el cortejo, ordenados por su año de fundación —delante los gremios más modernos y detrás los más antiguos— y portando cada uno una talla que representaba la vida, Pasión, muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

 

En cuanto al orden que los gremios respetaban en la procesión del Jueves Santo en Palma, se reproduce a continuación el que según Eusebio Pascual, llevaron estas corporaciones en la procesión de 1792 (fuente: Los gremios de Palma en la procesión del Jueves Santo, Boletín de la Sociedad Arqueológica  Luliana 1891-1892 Tomo IV). Cada gremio desfilaba llevando un Paso que representaba la vida, Pasión y muerte de Cristo:

 

  1. Molineros de viento: Los Santos Inocentes
  2. Medidores y Cribadores: La Transfiguración en el Tabor
  3. Sogueros: La Samaritana
  4. Terciopeleros: La resurrección de Lázaro
  5. Manteros: La entrada en Jerusalén
  6. Marchandos: La despedida de María Santísima
  7. Sombrereros: La Cena
  8. Esparteros: La Oración en el Huerto
  9. Molineros de agua: San Pedro cortando la oreja a Marcos
  10. Aserradores: La traición de Judas
  11. Tragineros de garrote: La Sentencia de Cristo
  12. Hortelanos: Compañero quien te ha herido
  13. Albañiles: Llevan a Cristo de casa Herodes a la de Pilatos
  14. Carniceros: Cuando azotaron a Cristo
  15. Horneros: Cristo coronado de espinas
  16. Tejedores de lino: Cristo en el balcón: Ecce-Homo
  17. Pescadores: Lavatorio de Pilatos
  18. Alfareros: Cristo con la cruz a cuestas
  19. Cuberos: La Verónica
  20. Carpinteros: Caída a de Cristo con la cruz
  21. Zapateros: Juegan la túnica a los dados
  22. Sastres: Enclavando a Cristo
  23. Tejedores de lana: Cuando dieron hiel y vinagre a Cristo
  24. Pelaires: Cristo enclavado
  25. Herreros: La Virgen al pie de la cruz
Peculiaridades de nuestras procesiones

      Las procesiones de Palma han conservado algunas costumbres que la dotan de una singularidad especial.  Se exponen a continuación algunas de ellas.

Cofradías y procesiones

     En Palma es costumbre que las cofradías puedan participar cada día en las distintas procesiones que se organizan.  Así por ejemplo, el Viernes de Pasión, Domingo de Ramos, Jueves y Viernes Santo podremos ver desfilar en un único cortejo procesional a las treinta y tres cofradías que componen la Asociación. El precedente histórico de esta tradición, lo tenemos en la procesión del Jueves Santo, pues antiguamente participaban en ella todos los gremios de artesanos que había en la ciudad, algunos de ellos aportando pequeñas tallas sobre tabernáculos con escenas de la vida y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Desde hace algunos años el Lunes y Miércoles Santo se ha autorizado la organización de  procesiones simultáneas en las que las cofradías se agrupan en menor número, formando un cortejo procesional más reducido, con el fin de poder llevar la Semana Santa a otros barrios de la ciudad.

 

Confites de Semana Santa

   En las procesiones de Palma es tradición que los penitentes den confites o peladillas (confits de caperutxa) al público. Sobretodo a los niños. Si bien el confite tradicional es de dos tamaños (los pequeños de colores blanco o rosado con sabor a anís; o los grandes solo de color blanco y con una almendra dentro) en los últimos tiempos se están importando otro tipo de caramelos o piruletas con forma de penitente de distintos sabores y colores. Pero no todos los cofrades reparten confites. Algunos, en su lugar, dan una estampa con la imagen de los Titulares  de su cofradía.

 

    La costumbre de los confites, no ha estado históricamente exenta de polémica. Principalmente porque antaño, según cuentan las fuentes, el penitente lo daba a la chica que pretendía entre el público asistente y ello provocó el enojo de quienes debían de velar por el orden en las procesiones. Así por ejemplo en el s. XVIII el obispo Rvmo. D. Lorenzo Despuig ordenó bajo pena de 3 libras, que nadie pudiera comer confites ni otras cosas dentro de la iglesia, ni darlas a otros, ni a los que van en la procesión mientras la hacen, o que no pudieran comerlos ni darlos fuera de las iglesias. Incluso bajo pena de excomunión, en 1631 el vicario D. Juan Bautista ya ordenó —en el edicto que presentaba la procesión de Jueves Santo— que no se podían tirar confites ni otras cosas a las mujeres. Pero parece que la tradición ha sido más fuerte que el deseo de erradicarla y aún hoy pervive. Gabriel Llompart nos cuenta en su libro sobre la Religiosidad Popular que «era la misma Cofradía de la Preciosísima Sangre, la decana de las cofradías mallorquinas de Semana Santa, la que obsequiaba a sus miembros en la colación del Jueves Santo con confites, aunque no sepamos la hora en que se tomaba dicha colación, si antes —lo más probable— o después de la procesión.»

Canto del Credo

      Es costumbre en la Semana Santa de Palma, que una vez terminada la procesión, los cofrades y presentes canten el Credo en mallorquín en el interior de la iglesia donde concluye la procesión. Así es como se canta:

Crec en un Déu

Pare Totpoderós

Creador del cel i de la terra.

I en Jesucrist

únic Fill seu i Senyor nostro,

el qual fou concebut

per obra de l’Esperit Sant;

nasqué de Maria verge;

patí baix el poder de Ponç Pilat,

fou crucificat, mort i sepultat;

davallà als inferns,

ressuscità el tercer dia d’entre els morts;

se’n puja al cel,

seu a la dreta de Déu, Pare Totpoderós;

i d’allí ha de venir a judicar

els vius i els morts.

Crec en l’Esperit Sant;

la Santa Mare Església,

Catòlica, Apostòlica, Romana;

la comunió dels sants;

la remissió dels pecats;

la resurrecció de la carn;

la vida perdurable.

Amen

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